Por Ignacio Moratinos «El Empecinado», 21 de Mayo de 2026.

El 22 de mayo de 1813 quedó grabado en la memoria de Alcalá de Henares como el día en que las tropas de Juan Martín Díez, conocido universalmente como ‘El Empecinado’, frenaron el dominio francés en la ciudad y abrieron el camino hacia su liberación definitiva durante la Guerra de la Independencia Española.

A comienzos de 1813, las tropas napoleónicas todavía mantenían una fuerte presencia en la zona del valle del Henares. Los franceses exigían contribuciones forzosas a pueblos y ciudades, saqueaban recursos y mantenían sometida a la población mediante destacamentos militares. Alcalá de Henares, situada en un punto estratégico entre Madrid y Guadalajara, sufría aquella presión constante.
Pero en aquellos meses, la situación empezaba a cambiar. Napoleón ya había sufrido enormes pérdidas en Europa y la resistencia española, apoyada por guerrillas y ejércitos regulares, golpeaba continuamente las líneas francesas. Entre todos aquellos jefes guerrilleros, pocos inspiraban tanto miedo al invasor como El Empecinado. Castellano de carácter duro, conocedor del terreno y maestro de la guerra irregular, se había convertido en una auténtica pesadilla para los franceses.
Informado de que una importante columna francesa recorría la comarca de Alcalá para recaudar tributos y reforzar su control sobre la ciudad, El Empecinado organizó una operación cuidadosamente preparada. Reunió alrededor de 1.200 hombres entre caballería, cazadores y voluntarios de distintas unidades castellanas y alcarreñas. Frente a ellos se encontraba una fuerza francesa superior, con más de 2.000 soldados, caballería y piezas de artillería.
Durante la madrugada del 22 de mayo, las tropas españolas avanzaron en silencio hacia el puente de Zulema, sobre el río Henares. El lugar era clave: quien controlase aquel paso dominaba la entrada oriental de Alcalá. El Empecinado distribuyó a sus hombres aprovechando el terreno, ocultando unidades entre desniveles, caminos y posiciones elevadas cercanas al puente.
Cuando las tropas francesas intentaron atravesar la zona, comenzó un durísimo intercambio de fuego. La artillería napoleónica castigó el puente durante horas, llegando incluso a destruir parte de sus barandillas. Los franceses trataron de romper las líneas españolas mediante ataques frontales y maniobras laterales cruzando el río por un vado cercano, pero fueron rechazados repetidamente por los guerrilleros y voluntarios de El Empecinado. En algunos momentos, el combate llegó prácticamente al cuerpo a cuerpo sobre el propio puente.
Finalmente, las fuerzas francesas no lograron abrirse paso y comenzaron la retirada hacia San Fernando de Henares. Aquella retirada tuvo un enorme impacto moral y estratégico. Los franceses ya no volverían a dominar Alcalá de Henares de la misma manera, y pocos días después abandonarían definitivamente la ciudad y gran parte de la provincia de Madrid. El 27 de mayo de 1813, Alcalá podía considerarse libre de las tropas napoleónicas.
Aunque militarmente la batalla del Zulema no fue una gran batalla comparable a Bailén o Arapiles, su importancia simbólica fue inmensa. Representó la resistencia popular castellana frente al invasor y confirmó que las guerrillas españolas habían logrado desgastar seriamente al ejército francés. Para los habitantes de Alcalá, El Empecinado pasó a ser visto como un auténtico libertador.

El reconocimiento fue inmediato. Fernando VII autorizó inicialmente la construcción de un monumento conmemorativo junto al puente de Zulema para recordar la victoria. Sin embargo, años después, el propio monarca ordenó destruirlo debido a las ideas liberales del guerrillero castellano. Aun así, la ciudad nunca olvidó su figura y terminó levantando nuevos homenajes en honor al héroe.
La historia de El Empecinado tiene además un matiz profundamente trágico. El hombre que combatió al francés y ayudó a liberar ciudades españolas acabaría perseguido por el absolutismo fernandino y ejecutado en 1825. Paradójicamente, quien había luchado por España terminó muriendo abandonado por la misma corona que había defendido.
Hoy, más de dos siglos después, la batalla del puente de Zulema sigue siendo uno de los episodios más recordados de la Guerra de la Independencia en tierras complutenses. No solo por el combate en sí, sino porque simboliza algo muy español y muy castellano: la resistencia obstinada frente a un enemigo superior. Y en eso, pocos nombres representan mejor aquel espíritu que el de Juan Martín Díez, El Empecinado.
Ignacio Moratinos «El Empecinado»: presidente Nacional del Círculo Cultural Juan Martín El Empecinado, Secretario General del Ateneo Cultural Villalar y descendiente del Empecinado en 7a. Generación.
