Por Ignacio Moratinos «El Empecinado», 18 de Marzo de 2026.

Las declaraciones del rey Felipe VI afirmando que en la conquista de América “hubo mucho abuso” han provocado una reacción inmediata en quienes consideran que este tipo de afirmaciones, sin el debido contexto histórico, contribuyen a consolidar una visión profundamente injusta y reduccionista del papel de España en el Nuevo Mundo.
Hubo errores. Pero convertirlos en el eje central del relato histórico supone ignorar la magnitud real de la obra española en América, una de las empresas civilizadoras más profundas y transformadoras de la historia moderna.
A diferencia de otros imperios que llegaron siglos después con modelos de segregación racial o explotación puramente económica, la Monarquía Hispánica vinculó desde el inicio su presencia en América a una misión espiritual: la evangelización.
Miles de religiosos cruzaron el océano no para enriquecerse, sino para predicar, enseñar y organizar comunidades. Las misiones franciscanas de California, las reducciones jesuíticas del Paraguay o los conventos dominicos de México son ejemplos claros de cómo la expansión española fue también una expansión religiosa y cultural.
Se tradujeron lenguas indígenas, se enseñó a leer y escribir, se desarrollaron escuelas, talleres artesanales y formas de organización comunitaria. La evangelización no fue un mero instrumento político: fue una convicción profunda de la época que dio lugar a una nueva realidad espiritual en todo el continente.
España no practicó una colonización de factoría o enclave comercial. Construyó sociedades completas. Fundando ciudades, universidades y construcción de Hospitales, puertos y catedrales, cuando parte de Europa carecía de estos servicios. La creación de ciudades siguiendo modelos urbanísticos que hoy siguen vigentes.
La Universidad de San Marcos en Lima o la Universidad de México no fueron simples instituciones simbólicas: formaron juristas, médicos, teólogos y administradores que sostuvieron durante siglos la vida intelectual y política de los virreinatos. Crearon e implantaron imprentas, favoreciendo el tráfico del conocimiento.
Uno de los aspectos más sorprendentes de la expansión española es que fue probablemente el único imperio que se cuestionó moralmente a sí mismo en pleno proceso de conquista.
La Controversia de Valladolid o la promulgación de las Leyes de Indias muestran que existió una preocupación real —aunque imperfecta en su aplicación— por los derechos de los pueblos indígenas. Ningún otro imperio europeo organizó discusiones filosóficas públicas sobre la humanidad de los pueblos conquistados ni desarrolló una legislación tan extensa para regular su protección.
El mundo hispanoamericano no se construyó sobre la base de la separación absoluta entre conquistadores y conquistados. Surgió una realidad mestiza, compleja, culturalmente rica, donde las tradiciones indígenas y europeas se entrelazaron.
Lengua, religión, gastronomía, arte, derecho y formas sociales dieron lugar a una civilización nueva que hoy comparten más de quinientos millones de personas. Este hecho histórico es fundamental: España no solo dominó territorios, contribuyó a crear un espacio cultural común que sigue vivo.
Defender la obra de España en América no implica negar los sufrimientos ni los abusos. Implica, sencillamente, rechazar la simplificación histórica que presenta cinco siglos de historia como una sucesión de atropellos sin contexto ni matices.
La conquista fue dura. Fue contradictoria. Fue, en muchos casos, violenta. Pero también fue creadora, integradora y profundamente transformadora.
Reducirla a una frase puede resultar políticamente cómodo, pero históricamente es insuficiente.
Y quizás el verdadero reto de nuestro tiempo no sea pedir perdón por nuestra historia, sino comprenderla en toda su complejidad y reivindicar con serenidad lo que España aportó al mundo.
Las palabras de Felipe VI no las consideramos apropiadas, aunque no fueron pronunciadas en un discurso institucional, sino durante una conversación visitando una exposición. “La mitad del mundo. La mujer en el México indígena” aunque fue difundida por Zarzuela.
El Ateneo Cultural Villalar y el PANCAL-URCI, mostramos nuestro “orgullo por el legado español” en Hispanoamérica, pero, consideramos que hacer ahora un “examen en el siglo XXI” de lo que ocurrió en el siglo XV es un despropósito.

José Ignacio Moratinos «El Empecinado» Secretario General del Ateneo Cultural Villalar – Coordinador General en Castilla y León (PANCAL-URCI)



